jueves, 18 de octubre de 2012

Iniciación a la vertical para niños

No tenemos alas THEN no sabemos volar. Una pena. La altura no es el hábitat natural de los humanos. Cuando un pequeño, o no tan pequeño, se asoma a una zona con cierta caída, su instinto le lleva a recular y apartarse. Instintivamente nos protegemos separándonos de todo aquello que puede suponer un peligro para nuestra integridad.

Acostumbrar a los pequeños a las alturas debe ser una tarea progresiva. Los 4-5 años es una buena edad para empezar. La iniciación debe ser de una forma progresiva y tomando todas las medidas de seguridad necesarias. Es fundamental una gran dosis de paciencia, dado que en las primeras incursiones podemos encontrarnos con una negativa a permanecer a cierta altura o con un “me quiero ir”. Es lo normal. La primera vez la actividad puede consistir, simplemente, en un paseo por la zona para, en futuras, entrar en cuerda. Las cosas con calma mucho mejor.

Otro aspecto fundamental es el material. Debemos tratar de equiparlos con material lo más adaptado a su talla posible, tanto en cascos, como arneses, etc. Para cascos, aunque existen algunas marcas-modelos para niños, también tenemos la posibilidad de cascos de adulto con tallas pequeñas. Los arneses también deben estar adaptados a la talla y es aconsejable que sea de cuerpo entero. Existen distintas marcas de arneses para pequeños, aunque algunos modelos de arneses de adulto son perfectamente adaptables a los pequeños, siempre complementados con un arnés de pecho bien ajustado. Sobre ochos, pirañas, stops, bloqueadores, etc., no tengo constancia de aparatos adaptados al tamaño de los pequeños, por lo que no quedará otra que utilizar los de adulto. Especialmente crítico en tamaño es el puño de ascenso. En este caso puede ser aconsejable que utilicen directamente un basic, con un tamaño más adaptado a sus pequeñas manos.

En las siguiente fotografías se observa el proceso de iniciación a la vertical realizado durante los últimos tres año. El primer año con alguna actividad para únicamente pasear por la zona. Es una simple toma de contacto, para familiarizarlos con el material y pasear por la zona asegurados a cuerda y por pasamanos. No entramos en vertical.

Demasiada cacharrada para un pequeño.



Las cosas se ven muy bonitas desde aquí arriba.


Progresamos asegurados.



Con posterioridad, en otras salidas empezamos con técnicas de desenso. Aquí la cosa se complica. La primera vez que se dejan colgar pared abajo no les resulta familir, ni cómodo. Buscamos algunos rincones que, aunque en superficie, tengan cierta similitud con las cuevas.



Empezamos a darles cierta autonomía en la vertical, pero siempre asegurados. Un bicho de estos nunca sabes por donde te puede salir. Siempre son capaces de sorprenderte.


Hace nada algunos eran unos niños a iniciar y, ahora, están mucho más fuertes que nosotros y tienen una técnica mucho mejor. Y también son ellos los que están para iniciar a los nuevos pequeños.


Los que están pendientes de iniciar asisten al espectáculo. Pronto os tocará.



Progresamos por las paredes, siempre descendiendo, incluso podemos disponer de las manos para jugar. Esto no es tan difícil como parecía a priori. Observamos caras más relajadas en los nuevos deportistas.



Es hora de avanzar un poco más. Hay que buscar algo de técnica, la forma de descender, la línea vertical, la colocación de los piés para garantizar un buen equilibrio y progresión. La mejor forma es corregir directamente la postura progresando junto a los pequeños. Ellos aprenden rápido, mucho mejor que los mayores.





En las siguientes actividades se avanza más rápido. El entorno y el material les resulta familiar. Se deben repetir las actividades. También se incorporan nuevos deportistas.

Hacemos pequeñas trepadas asegurados. Para bajar, primero tienen que subir. Bueno, en espeleo es al revés.


Todo debe estar asegurado y progresar siempre en cuerda, en pasamanos, etc.


Se repite la jugada. Los nuevos no lo ven claro. Necesitan familiarizarse con el entorno. Pero están más animados, al ver a los mayores.





Me sobra una mano. La tensión de las primeras veces desaparece de la cara. Esta actividad empieza a hacerse de una forma natural, sin estrés.



Sin embargo, en la cara de los que empiezan, de los que es su primera vez, no se observa un mínimo grado de relajación, de seguridad. Soltar las manos de la cuerda no debe ser bueno, eso pasa por sus cabezas. De aquí no me suelto ni .... !Qué alto está esto!. Pero la historia se repite. La próxima será diferente y, la siguiente, mucho más.


En 2007 se organizó otra iniciación infatil a la progresión vertical, en este caso de Laura y familia, reportaje fotográfico completo aquí.


2 comentarios:

Cristina González Nóvoa dijo...

qué pasada!! los niños debieron alucinar
un aplauso por el monitor!!!
fantástico ese contacto con la naturaleza, y ese capacidad de meterse en ella, de palparla, disfrutarla....ahí se vencen todos los miedos, reales o imaginarios

Nino dijo...

Cris, que alegría tener noticias. Si, sus caras la primera vez suelen ser un poema, aunque estar colgados en una pared es algo que a pocos niños deja indiferentes. Antes los niños nos subíamos a los árboles, no había otra, y ahora esto ha evolucionado mucho. Pero bueno, no os libraréis, con la llegada del buen tiempo os tocará probar a vosotros, en superficie o en cueva, veremos.