lunes, 6 de agosto de 2012

Descenso de Barrancos con niños.: El Barrasil (Sierra de Guara - Huesca)

En todas las actividades, la planificación previa de los descensos a realizar suele ser una de esas tareas de campo que nos supone un cierto tiempo de trabajo. En el caso de descensos para niños la problemática y los aspectos a considerar cambian sustancialmente, y la forma de organizar y desarrollar la actividad también. Pero bueno, estos son otros temas, aquí nos centraremos en uno de los descensos realizados, el Barrasil, en la Sierra de Guara (Huesca).

El Barrasil fue nuestro primer descenso, hace un montón de años. Con posterioridad se vuelve a hacer otras tres veces, aunque como salida del descenso del Gorgas Negras. Es muy recomendable que todo descenso que se planifique para niños sea ampliamente conocido por nosotros, o como mínimo tener un leve recuerdo del mismo. Aunque, con el paso de los años, esos recuerdos pueden variar mucho respecto a la realidad.
Existe mucha y variada información sobre este Barranco, así como videos, etc.

Con esto en mente, el objetivo de esta entrada no es, en absoluto, proporcionar información sobre el mismo, únicamente aspectos relacionados con su planificación con niños.

Preparación previa y equipamiento.
Aunque es un descenso que no requiere vertical, en este caso, metemos una cuerda de 15 metros y 3 equipos de vertical. En nuestra memoria más lejana tenemos recuerdo de una zona de bloques que, aunque no nos supuso problema alguno en su día, en el caso de niños, queremos tener algún medio para poder descolgarlos e izarlos con toda seguridad, en el caso de ser necesario. No hizo falta en el descenso pero hay que contemplar esta posibilidad en todo descenso, aunque a priori sea de desarrollo horizontal.
El equipamiento de los pequeños debe ser de igual calidad que el nuestro (neoprenos completos-en este caso de 3-4 mm.; escarpines; casco de espeleo-cañones de su talla que, aunque no les suele gustar a los niños, es fundamental hacer un buen ajuste del casco a sus pequeñas cabezas). Los pequeños tienden a perder temperatura muy rápido y un correcto equipamiento es fundamental. Además, en otro caso, lo que debería ser divertido para ellos, se podría convertir en una mala experiencia y, por tanto, en un no querer volver a meterse en un cañón. Es fundamental que se diviertan en la actividad y, en el mejor de los caos, que les sea un día inolvidable. De todo el equipamiento de los pequeños es el chaleco salvavidas, sin duda alguna y en el caso de que no sepan nadar, el más importante. Este debe ser apto para la edad del pequeño, y estar perfectamente adaptado-ajustado al mismo. Cada niño en estas condiciones, con chaleco y sin saber nadar, deberá estar acompañado en todo momento de un deportista adulto.
Otra parte importante es la alimentación. En estos casos los tiempos de aproximaciones y descenso se incrementan considerablemente. Por lo tanto, una actividad que no necesitaría de agua, comida, etc., o al menos de muy poca, cambia considerablemente. Además, los niños no entienden de falta de agua o comida para reducir peso, o ante una cierta actividad. Por lo tanto, se mete en las sacas 3 litros de agua y comida variada.
En la parte de equipamiento, aunque existe el “kit” recomendable de barrancos, en este caso es obligado un pequeño botiquín, frontal, dos mantas térmicas y un par de velas y cerillas de las que encienden mojadas. Cualquier incidente con un pequeño requerirá de facilitarles lo máximo la permanencia en el barranco y, en ese sentido, unas mantas térmicas y una vela para calentar el ambiente es algo fundamental. Es posible que en el futuro también se añada algún saco de dormir mini en los botes estancos.






Aproximación.
Partimos de Rodellar y, con todo repartido en dos sacas (para dos adultos), iniciamos la aproximación. Nos acompañan dos pequeños, uno de 7 años, con un buen nivel de natación, y otro de 4, que únicamente se maneja en piscina con manguitos.



Aunque lo ideal en barrancos para niños es que sean de aproximación inmediata, en este caso les tocará una cierta pateada que, en su caso, no es pequeña. Es fundamental que el caminar no se convierta únicamente en caminar. Debemos acompañarlo de juegos, historias sobre la zona, fantasmas, así como diversas explicaciones que les enseñe todo tipo de cosas sobre el entorno natural en el que se encuentran. Sin duda alguna Guara da mucho juego para todo esto.

Unas paredes repletas de escaladores les llama la atención. En los primeros tramos tratan de emularlos posiblemente pensando que esos techos están al alcance de cualquiera. Pronto descubren todo lo contrario. Pero bueno, el espectáculo de tanto colgado nos da juego para contarles todo tipo de historias, así como para comentarles algunos detalles sobre este deporte y sus practicantes. Entre otros aspectos les hablamos de una cosa llamada gravedad y que, en Guara, no afecta a todos por igual.
Un poco después estamos en el río, ese río, el Mascún, una auténtica maravilla natural. Cruzarlo en un par de puntos del recorrido sin mojarte se convierte en un reto para los pequeños. Ayudamos a uno y luego vamos por el otro pequeño. Al otro lado vemos que el primero está entretenido y curioseando con algo. Al llegar, una culebra escapa del pequeño. Es un animal que fascina a los niños y, en muchos casos, les produce un cierto temor. Es la primera culebra en libertad que ven en su vida. Surgen todo tipo de preguntas. Que si cuantas hemos visto en nuestra vida. Si nos ha picado alguna. Que si te pican mueres, etc., etc., etc. En resumen, tal y como pudieron comprobar, esa culebra tenía muchísimo más miedo de nosotros, que nosotros de ella. No perdió nada de tiempo en desaparecer de nuestra vista.
La surgencia de Mascún les llama la atención, la roca escupe agua. Los pequeños recuerdan alguna de sus actividades de espeleo y que bajo tierra existen grandes cantidades de agua. Y que cuando los volvemos a llevar a Cortiñas. 
Después aparece una formación natural que, aunque la hemos visto una gran cantidad de veces, siempre nos deja perplejos, el delfín de Guara. Este puente de roca nos da mucho juego para, entre otras historias, contarles como se forman estos cañones, y del enorme poder que tiene el agua.
A la izquierda nos encontramos la garganta de Andrebot, por la que continuamos en una senda marcada y siempre en ascenso. A la derecha la cueva de Andrebot  llama su atención. El ascenso debemos tomarlo con calma. Cada cierto tiempo parar. Una historia, un poco de agua, y a continuar.


Poco a poco se van comiendo la subida. Llegamos al alto y en nuestra memoria era casi inmediato el acceso al cauce pero, en absoluto, todavía queda una buena bajada, por el camino de Chasa, hasta tocar agua. Antes de iniciar el descenso hacia el cauce del Barrasil, en el cartel que señala Barrasil, Otín, Nasarre, Rodellar, les hablamos de estos lugares.

Y con todo esto, aunque en algunas guías, etc., señalan que el tiempo de aproximación al Barrasil es de 1h30m, en este caso, con pequeños, nos ha supuesto un total de 3h30m. Como se puede observar, es importante planificar la actividad con unos tiempos muy, muy por encima de los considerados en una actividad sin pequeños, con unos márgenes muy superiores al doble del tiempo habitual. Además, lo que se puede considerar como una aproximación pequeña, para ellos, se convierte en una dura y larga.


El descenso.
Antes de iniciar el descenso comemos. En todo momento tratamos de tener bien hidratados a los pequeños. 3h30m de aproximación les ha supuesto un cierto esfuerzo. Después de comer nos metemos en los neoprenos. Aunque el día anterior habíamos mirado la predicción del tiempo para la zona, que era nublado, para nuestra sorpresa, justo en el momento de estar equipados, nos cae una tormenta. Resguardamos a la tropilla en una zona de la yesera que estimamos segura (por el tipo de material y ante lluvia pueden producirse desprendimientos, seleccionar bien la zona y, en caso de duda, mejor bajo la lluvia), en espera de que pare y, ante todo, nos planteamos el abortar la actividad e iniciar el retorno por el camino de aproximación. Entre las 3h30m de retorno y el descenso, y con todos los datos que recordamos del Barrasil, siempre pensando en que progresamos con dos niños, al final decidimos no abortar la actividad y, con calma, hacer el descenso. Se inicia bajo la lluvia y, afortunadamente, a los 30 minutos aprox. volvemos a ver el sol.



Una zona de bloques-caos, llamado Bocazal de los Gatos, obliga a los pequeños a practicar con los destrepes y trepes, unido a alguna oposición. En algún caso tenemos que hacer descuelgue manual de niños.

En algunos de los cañones que he hecho alguna vez me encontré cañonistas franceses con niños. En el descenso nos encontramos un grupo de cañonistas franceses, que vienen del Gorgas Negras. Se acercan, al ver al más pequeño con su chaleco salvavidas haciendo el “pinzas” por las pozas, para preguntar por su edad. El pequeño, al ver que cañonistas mayores se acercan a darle ánimos, está que no entra entre los bloques del caos. No lo había pensado antes, pero al encontrar pequeños en un descenso, unas palabras, les suele hacer mucha ilusión. Me gustaría poder ver a estos pequeños contando sus “batallitas” en el colegio a la vuelta de vacaciones. Seguro que lo que era un salto de un metro se convierte en unos pocos más (-:



Para facilitar a los pequeños la progresión por las badinas, sin obligarles a nadar esos tramos, utilizamos nuestras sacas con bote estanco a modo de flotadores. Tirando de ellos progresan cómodamente y, de paso, se lo pasan muy bien. Ojala alguien nos llevase a nosotros así en alguno de los cañones que hemos hecho.


Las paredes crecen y el barranco gana en espectacularidad.



Y al igual que el día anterior, en el Vero, le dedicamos un cierto tiempo a los saltos, una de esas dificultades que tanto le gusta a los niños.


 

Finalizamos el descenso con una larga badina, de aproximadamente 300 metros. Sin duda alguna, un buen tramo de natación para los niños. Como en otras badinas, nuestras sacas tiran de los niños, que progresan agarrados a ellas. Sobra decir que, en estas dificultades, el chaleco salvavidas en los niños que no saben nadar se hace fundamental. Además, siempre deben ir acompañados de un deportista adulto. Hacia el final de la badina, observamos el Mascún en el margen izquierdo para, un poco más adelante, llegar al Puente de Pedruel, final del descenso.


Puente de Pedruel (final del descenso)

En este punto, en el que se localiza el camping Los Puentes, los pequeños esperan mientras uno de nosotros vuelve caminando a Rodellar por el vehículo. Aquí nos encontramos a dos catalanes que nos adelantaron en la subida de Andrebot hace un buen montón de horas. Al ver a los pequeños al final del descenso, casi siete horas después, no dudan en darles un efusivo hola y un saludo con el pulgar hacia arriba. Nuevamente los dos pequeños casi no entran por el puente. Los 45 minutos aprox. para estar de vuelta hace que, entre otras cosas, debamos planificar en nuestros bidones estancos tener ropa seca para cambiar a los niños. No es adecuado tenerlos cerca de 1 hora mojados, después de 7 horas de actividad (3h30m de aproximación y 3h30m de descenso), y en un día que no luce el sol excesivamente. Con estos datos, como mínimo, los tiempos considerados siempre deberán ser superiores al doble de lo estimado en guías y referencias (siempre y cuando estas sean conservadoras), además de añadirle unos buenos márgenes de tiempo.

En resumen, se lo han pasado muy bien y quieren repetir. Ha pasado casi un mes, y me encuentro escribiendo esta entrada. Ellos todavía hablan algún día del Barrasil, y que quieren hacer otro descenso.


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domingo, 5 de agosto de 2012

Descenso de barrancos con niños. Primer contacto: Río Vero. Tramo Puente de Villacantal-Barranco de la Fuente (Sierra de Guara-Huesca)

Esta actividad se constituye como un primer contacto de los pequeños con el mundo del descenso de barrancos. El objetivo es que se familiaricen con el material, la progresión y el medio. Las características del tramo hacen que la actividad no requiera una cierta planificación, tal y como veremos se hará necesaria en futuros descensos.

El Vero es uno de los descensos clásicos de la Sierra de Guara, en Huesca. Aunque con un caudal tipo no tiene dificultad técnica (otra cosa es con caudal alto), tiene como dificultad, para hacerse con niños pequeños, su longitud. En este caso, y dado que será su primer contacto con este deporte, y el objetivo es que se lo pasen muy bien y quieran repetir, se ha seleccionado un pequeño tramo del Vero. En concreto, el comprendido entre el Barranco de la Fuente y el Puente de Villacantal.

Existe mucha y variada información sobre este Barranco. De todos los enlaces existentes destacar el siguiente.:
Otro enlace del río Vero.:


Preparación previa y equipamiento.
Es un pequeño tramo del Vero sin dificultad técnica, por lo que no se incluye ningún tipo de material de progresión vertical. Se incluyen neoprenos completos para los niños (3-4 mm.), escarpines, cascos (bien ajustados a sus pequeñas cabezas), chalecos salvavidas de su talla (en el caso de no saber nadar). Además, comida varia y agua. Es fundamental tener a los pequeños bien hidratados.

Aproximación.

Partimos de Alquezar. Nos acompañan dos pequeños, uno de 7 años, con un buen nivel de natación, y otro de 4, que no sabe nadar.
Por las calles de Alquezar

Desde el núcleo urbano de Alquezar cogemos el camino que, de inmediato, nos mete en el Barranco de la Fuente. En todo momento descendemos entre sus paredes. Sorprende la vista de la Colegiata de Alquezar.
Colegiata de Alquezar

Un gran número de pasarelas y escaleras en madera nos descienden hacia el Vero. Algún pasamanos hace que los niños tengan que progresar por un camino de roca. La aproximación, tomándola con calma, y siempre descendiendo, es de 1h.

Descenso-aproximación por el Barranco de la Fuente

Llegamos al Vero para apreciar el entorno de confluencia con el Barranco de la Fuente.




El descenso (en este caso ascenso).
En el cauce iniciamos, al revés de lo habitual en este deporte, el ascenso por el Vero. A los pocos metros nos encontramos una gran bóveda excavada por el Vero en su margen izquierdo. Es el lugar ideal para que tomen su primer contacto con el material y el entorno. Tras ajustarles adecuadamente sus neoprenos y, en el caso del pequeño, el chaleco salvavidas, se introducen en el agua bajo la bóveda. En un primer momento los dejamos con la gorra, para que no se vean agobiados por el casco. Los primeros contactos, mejor, poco a poco.


Los dejamos un buen rato en esa zona para que se familiaricen con el entorno y, por encima de todo, disfruten.




Al pequeño, lo que más le llama la atención, que pueda mojar su calzado sin que le digamos nada. Y pregunta, ¿pero puedo mojarlos?. Insiste en que quiere ir en escarpines. Después de un buen rato comprueba que no es una buena idea para progresar por los barrancos. Y con todo esto, continuamos el ascenso.

Avanzar por el agua con sus pequeñas "patitas" no les resulta fácil. Poco a poco le van cogiendo el tranquillo.


Tras unos tramos avanzan con cierta agilidad, siempre jugando y disfrutando.



Llegamos a una zona ideal para que prueben con otra de las técnicas típicas de progresión en cañones, el salto.


Es este momento el ideal para cambiarles la gorra por el casco. Fundamental que sea de su talla y que esté perfectamente ajustado. Aunque es algo obvio, los pequeños no son muy amigos de llevar casco, y mucho menos de que esté muy ajustado y amarrado por cintas.  



Y, ¿a quién no le gusta saltar?. Según la edad de cada uno se buscan distintos saltos, repitiéndolos en varias ocasiones y tratando de corregir la técnica y forma de entrada en agua. También, que no se puede saltar en todas partes, que existe una cosa llamada profundidad.




Curisosamente, me llama la atención que el pequeño no sabe saltar de pie. En todos los casos se lanza en plancha. Aunque trato de explicarle la forma de saltar de pie, una y otra salta en plancha. Ufff, me trae muchos recuerdos.


Después de un buen rato, y de un gran número de saltos, continuamos con el ascenso. A los pocos metros, son ellos los que están buscando rocas y puntos de salto para continuar con la diversión. Realmente le gustan los saltos.


Cuando los bloques desaparecen, o la profundiad hace imposible todo tipo de saltos, no queda otra que continuar.



Una pequeña corriente es ideal para meterlos entre la "espuma".


Y entre la aproximación, progresión y un gran número de saltos, entre otros, los dos pequeños se nos quedan dormidos en pleno cauce. Estos no entienden de tener que continuar. Aquí el tiempo tiene que estar planificado con mucho margen. Y si están cansados, lo mejor es parar y que duerman un poco. Sin pasarse, para que no se levanten como auténticos "zombis". Las sacas, cuerdas de estar disponibles, etc., pueden constituir un cómo colchón.



Al despertarse, es hora de comer un poco y, fundamental, hidratarlos. Proseguimos el ascenso, corto ascenso. Inicialmente los llevamos de la mano. Han despertado de su siesta aunque todavía tienen una cierta "caraja" encima.



Y llegamos al Puente de Villacantal, de finales de la Edad Media. Llama la atención la grandeza del puente respecto a lo minúsculo del camino-senda. Ha sido un tramo pequeño del Vero aunque, para los pequeños, ciertamente intenso y novedoso, además de muy divertido.


En el puente los cambiamos (es fundamental disponer de ropa seca para ellos) e iniciamos el retorno por el sendero cañonero en el margen derecho de regreso a Alquezar.


El sendero siempre en ascenso nos llevará a las proximidades de Alquezar.


Desde el sendero los niños identifican en el cauce algunos de los puntos de su ascenso.



Y si partimos con una imagen de la Colegiata de Alquezar, terminamos con la misma "estampa".


En algo más de 1 hora, y tras un tramo final de descenso, llegamos a Alquezar. En total han sido 5 horas de actividad muy relajada. El buen comportamiento de los dos pequeños en este tramo del Vero hará que organicemos un descenso para el día siguiente, algo más complejo para ellos en aproximación y desarrollo, aunque esta será otra historia.


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