lunes, 16 de septiembre de 2019

Miembros del antiguo Espeleosocorro Gallego intervienen en un accidente de barranquismo

Recientemente un grupo de miembros del antiguo espeleosocorro gallego participan en las delicadas tareas de evacuación de un accidentado en barranquismo. Las evolucionadas técnicas aplicadas en lo que podríamos llamar espeleosocorro 3.0, han sido puestas al servicio del acondicionamiento y traslado del herido. Realmente impresionante lo refinado de la progresión, así como la perfecta coordinación y buena sincronización en la evacuación, que hicieron posible ...

Un tobogán con mala-leche, un esguince grado 3, el mazas se nos estropea, ¿quién leches llevará las cuerdas ahora?, ¿quién instalará y recuperará las cuerdas?, se nos terminó la buena vida. Barranco abajo, con el pié en agua fría, progresa más o menos. Incluso pretende seguir llevando su saca, con cuerdas y equipar. (-:

Un cartel nos indica la línea de salida, ...


Los miembros del espeleosocrro se preparan para una rápida evacuación. Inicialmente el herido progresa ladera arriba cual "Ivar sin huesos", tal y como procede a bautizarlo uno de los espeleosocorristas del grupo. Flanqueado y vigilado en retaguardia por dos niños que participaban en el descenso, mientras los espeleocorroistas del grupo planifican la jugada, inicia el ascenso. No es un puerto de primera categoría, aunque en estas condiciones, la cosa se va a poner fea.


El mazas pronto se percata que así no va a ninguna parte, y decide utilizar a uno de los niños de muleta.


Buff, así no llego en la vida. Es hora de tomar asiento para recapacitar sobre la estrategia a seguir. Una correcta coordinación del espeleosocorro es fundamental para poder salir de aquí.

Primero sonrío, mejor con humor, aunque por dentro duela. Es el mazas, y siempre pensamos que era irrompible.


Buff, cómo se va a poner eso cuando quitemos la bota. Eso sí, que a nadie se le ocurra cortarme las botas.


Un, dos, tres, me levanto y continuo.


El herido inicia su dura peregrinación, al estilo San Andrés de Teixido. Los miembros del espeleosocorro le siguen en todo momento, cual procesión de semana santa.


Es el momento de que entre en funcionamiento el equipo médico. Con una pericia y finura digna del más exquisito cirujano, se acondiciona el miembro herido.



Ahora la cosa va algo mejor, y se avanza a mayor velocidad, la palabra 112 o helicóptero revitaliza la marcha de nuestro mazas.: "antes me troceáis y sacáis en cachos que en helicóptero".



La cosa se pone dura, y los espeleosocorristas deciden actuar con contundencia. Ante la falta de camilla, se improvisa un traslado lo más indoloro posible. Esto no es una tirolina, ni un contrapeso, pero funciona. Bueno, poder desmultiplicar el peso en este método de progresión no estaría nada mal. Si alguna vez aplicáis esta estrategia de porteo, es aconsejable que el herido se quite la piraña y los trastos previamente. La espalda del porteador lo agradecerá. Y no, el herido no se estaba poniendo cachondo.


Y así, con la complicidad y el buen hacer de los espeleosocorristas, siempre poniendo lo mejor de cada uno, así como las técnicas más evolucionadas y refinadas al servicio del rescate, conseguimos llegar a meta. El hielo que nos esperaba para las copas, terminará en el pié del mazas.

El padre de la criatura remite alguna interesante fotografía para complementar el informe. No debemos olvidarnos que tan importante como la intervención del espeleosocorro es la posterior documentación y elaboración de informes. En la siguiente fotografía, el CAB--- del mazas bebiéndose nuestro hielo. Si parece feliz y todo. (-:


Y en las siguientes, perfil y planta del estropicio. Estoy por hacer una topo.



Te queremos, recupérate pronto.

Pdt.: Tal vez sea el momento de empezar a pensar en meter una camilla en nuestras salidas. De hecho, empieza a ser más frecuente de lo habitual encontrar grupos que llevan camilla en sus actividades.

Pdt 2.: Estimado Ron, reunida la comisión del grupo, hemos decidido por unanimidad, nombrarte nuevo mazas hasta la recuperación del primero. Siempre es bueno tener un "backup", incluso en esto. Vaya forma de portear al mazas 1. (-:

lunes, 9 de septiembre de 2019

Cueva Fresca con niños (Arredondo, Cantabria)

Antes de nada, queremos dejar constancia de que este tipo de actividades con niños, no están pensadas para coger el picnic, a los abuelos, la linterna del todo a cien, y para dentro. Es necesario, por un lado, que los participantes, niños y mayores, dispongan de seguro deportivo, así como tener un mínimo de experiencia en la progresión en cuerda. El tramo de Fresca que haremos no es complicado, pero sí requiere un mínimo de condición física y progresión en cuerda, especialmente en pasamanos. Sirva esto para evitar que alguna familia se meta en este tipo de actividades, sin experiencia alguna, mal equipados, sin seguros deportivos, etc. En el caso de que esta sea tu situación, te recomiendo que contactes con alguna de las empresas que ofrecen esta actividad, ellos te guiarán adecuadamente, además de proporcionarte el material necesario, así como un seguro de actividad.

Son varias las cuevas y travesías que hemos realizado, sin niños, en Cantabria. Curiosamente, Fresca, o su travesía Tibia-Fresca, no se encuentra entre ellas. Tal vez por eso me atraía especialmente el meter a la tropa pequeña en Fresca, cueva que nunca había pisado hasta la fecha.

Se incluye un completo reportaje fotográfico de la actividad Cueva Fresca.

El día comienza en la localidad de Arrendo, núcleo que nos trae una gran cantidad de recuerdos de nuestras incursiones espeleológicas hace un buen montón de años, época en la que te podías encontrar con espeleólogos de una gran cantidad de nacionalidades. Nos adentramos por el valle del Asón, pasando por Cubera, y cambiamos de margen de río. Pasamos el pueblo de Asón, dirección al nacimiento. Antes de iniciar fuerte ascenso nos encontramos desvío por carretera estrecha a derecha. En esa zona se localiza una gran casa con mucha zona de aparcamiento delante. Un buen número de carteles de prohibido aparcar hace que busquemos otro sitio. Molestar a los vecinos de la zona es lo último que buscamos. Como el desvío-carretera parece estrecha, y vamos en autocaravana, decidimos seguir carretera arriba hacia el nacimiento del Asón, dejando el vehículo en un aparcamiento a derecha amplio, al lado de la carretera. En caso de ir con coches, coged el desvío hasta final de carretera. Hemos aparcado lejos y toca caminar. Con todo el material preparado, iniciamos descenso por carretera. Aunque nos plantemos descender a la carretera inferior, que circula por el valle, por el margen de algún prado, observamos que los vecinos-propietarios han tirado alambrada y, en otros casos, ramas, para evitar que se pase. Ante esto, descendemos por la carretera hasta el desvío.



La pequeña carretera nos lleva hasta una iglesia y unas casas de turismo rural, las casucas del Asón. Pasado este alojamiento hay espacio para dejar varios coches. Este sería el punto de partida ideal de la aproximación.


De inmediato un puente nos cruza el Asón.


Y cogemos a izquierda por camino ligeramente ascendente.


Hasta unos prados con construcciones típicas de piedra.




En esta zona iniciaremos ascenso por un bosque que, en poco más de 10 minutos, nos dejará en boca de cueva. Según cogemos altura observamos nuestra casa con ruedas al otro lado del valle.


Siempre sendero arriba.



En cierto punto del sendero notamos algo de frescor, una corriente de aire. Es indicativo de que la boca está cerca.


No muy grande la boca de cueva, tira una gélida corriente de aire. Nos apartamos de ella para cambiarnos y equiparnos. Los niños entienden el motivo del nombre de la cueva, Fresca, aunque dentro comprobarán que es sin duda el adecuado a esta maravilla de la naturaleza. El tramo que vamos a hacer no tiene muchas complicaciones técnicas. Los pequeños únicamente llevan, además de casco y frontal, y ropa adecuada, arnés con bagas de anclaje. Nosotros llevamos equipamiento completo, tanto de ascenso como de descenso, por lo que pueda surgir. No conocemos la cueva y nunca sobra tener independencia total de movimiento en eje x-y-z.



La boca de cueva nos da acceso a una sala de entrada de dimensiones moderadas. Accedemos de inmediato a dos laminadores que nos obligan a gatear. Ellos lo llevan bien. Un viento frío atraviesa a cierta velocidad esta zona. Realmente es fresca esta cueva.


Para llegar a un resalta ascedente de poco más de 2 metros. Está equipado con cuerda fija, embarrada, por lo que resbala bastante. Aseguramos el ascenso de los pequeños desde cabecera. Entre el material que llevamos hemos metido una pequeña cuerda para este tipo de tareas. El ascenso nos deja en un balcón, desde el que hacemos una sencilla destrepada.


Las dimensiones de la galería principal crecen considerablemente. El techo se vislumbra lejos, a cierta altura. Seguimos por dicha galería descendente. Cuidado con los resbalones.


Para de inmediato meternos en unos largos pasamanos, por la derecha de un profundo desfonde.



Ellos aprovechan para observar algunas de las muchas formaciones de Fresca.


Algunas parecen las fauces dentadas de un cocodrilo, eso dicen.


Avanzamos por un cañón de grandes dimensiones, espectacular.


Hasta llegar al conocido bloque64, de grandes dimensiones, empotrado en medio de nuestro camino. Salvamos el bloque por su derecha, por un largo y atlético pasamanos.












Después de una trepada entramos en una zona ciertamente embarrada, que ha resultado de lo más divertido para ellos.



Para llegar a una zona con alguna bonita formación con caída de agua desde las alturas. Estamos en la fuente de los macarrones.





Seguimos por el cañón hasta el paso de Triacastín, una grieta de unos pocos metros de ancho sobre un desfondamiento perpendicular de una veintena de metros. Paso entretenido y atlético.




La galería continua, rectilínea.


Para llegar a la vira de la araña. Aquí dos de los integrantes esperan. Otros dos continuamos por los atléticos pasamanos de la vira de la araña, con un considerable desfonde. Para acceder a estos pasamanos es aconsejable equipo de ascenso. Aunque hay cuerdas, están bastante embarradas y el ascenso a los pasamanos no es para niños, a no ser que lleven equipo de ascenso. Mientras ellos esperan atravesamos la vira de la araña y seguimos por la galería principal dirección a la gran sala Rabelais. Galería adelante nos topamos con otro largo pasamanos, que requiere un ligero ascenso. Hemos dejado atrás a dos del grupo, esperando, y sabemos que estar parados en largo tiempo en estas cuevas hace que rápidamente te coja el frío. No queremos eso para el pequeño que espera, por lo que en este punto iniciamos el retorno a boca de cueva.


El goteo hace unas bonitas pozas en la arena.


Y el paso deja unos curiosos surcos en la zona de barro.




También hay alguna que otra pintada, del "paleolítico". En aquellos años está claro que la conservación de las cavidades no era prioritaria en las actividades. Afortunadamente ahora ha cambiado mucho, y sería impensable tal tipo de actuaciones.


Regresamos sobre nuestros pasos disfrutando de los pasamanos.





Observando algunas formaciones que nos pasaron desapercibidas en la entrada a cueva.


Algunos pequeños macarrones.


Y cómo el agua ha labrado la caliza.



La caliza puede coger multitud de formas y colores.


Una pequeña y conocida trepada.





Lo que antes era trepada, ahora toca descender, ayudados por una cuerda en fijo.



Los laminadores, con su característico y helado viento.



En la sala de entrada fotografiamos algún hueso que se localiza en superficie. Parece claramente reciente.



El calor del sol se agradece.


Bosque abajo nos aproximamos al fondo del valle.


En las alturas nos espera nuestra casa con ruedas.


Un toro decide bloquearnos el camino. Está esperando por las vacas.


La pastora guía nuestro camino.


En las alturas, los grandes bloques de caliza resultan imponente.


Desde la autocaravana observamos la ladera en la que se localiza la boca de cueva y tratamos de identificar el punto exacto de la misma.