lunes, 29 de agosto de 2016

Barranco de Cueva Cabrito (Bierge-Rodellar. PN Sierra de Guara. Huesca)

Llevamos varios años pasando siempre por Guara, aunque en esta ocasión sea una visita rápida. Son varios los barrancos que hemos hecho con niños en esta zona. Hemos seleccionado para esta ocasión el Cueva Cabrito. Estamos a mediados de agosto y el agua no estará demasiado mal. A mi memoria viene un descenso de este barranco realizado en 1997, en septiembre. Viendo las fotos ?????, me llama la atención que no utilizábamos casco. Pero bueno, han pasado casi 20 años y eran otros tiempos (algunas fotos disponibles aquí).

En la actividad de esta ocasión participa un pequeño de 8 años y otro de 11. Después de esta actividad debo indicar que no es descenso para hacer con niños, es largo y técnico. Es habitual tener que hacer maniobras de oposición, etc., y la longitud de sus piernas no son las adecuadas para muchos de los pasos. Por lo tanto, te recomiendo que mejor apuntes a otros descensos hasta que los pequeños tengan 15 o 16 años. En nuestro caso el descenso fue estupendo, pero repito que puede llegar a complicarse. Nuestros enanos llevan muchos barrancos encima y eso hace que las cosas se lleven bien. Repito, si te metes en este barranco con niños pequeños, asegúrate que se mueven bien en roca y cuerda, además de tener unas buena condición física para una actividad que supondrá cerca de 8 horas.

Barranco en conglomerado con mucha adherencia. Ideal para practicar todo tipo de maniobras, oposiciones de todo tipo, destrepes, vertical, etc. En algunos puntos el cauce es realmente estrecho y las sacas se convierten en un incordio. De todas formas, al ir pequeños, es necesario llevar todo lo necesario, agua, comida, botiquín, frontal, manta térmica, etc., etc. (ese material que nunca sobra en todo barranco).

La población más cercada al descenso es Las Almunias de Rodellar, unos cuantos kilómetros antes de llegar a dicha localidad. Desde Bierge cogeremos carretera hacia Rodellar. Después de unos cuantos kilómetros dejaremos a nuestra izquierda el aparcamiento de barranquistas del descenso de la Peonera. Seguiremos unos 3 kms. más hasta llegar a la encima de inicio de ruta, una gran encina, punto en el que aparcaremos nuestro vehículo. Al no ser aparcamiento oficial del parque no estaría mal que antes comuniquéis a alguno de los guardas del parque que vais al Cueva Cabrito para poder dejar el coche en dicho punto (en verano pueden estar en el aparcamiento de la Peonera). En dicho punto un cartel nos indica "Barranco de Cueva Cabrito".

En cuanto a tiempos, acceso 30 minutos por sendero y cauce hasta la primera dificultad equipada, descenso en nuestro caso, con niños, con calma, haciendo fotos, etc., 5h30m, retorno 1h15m. Aconsejable que los pequeños lleven pantalón largo para evitar posibles heridas con la vegetación. Rápel máximo de 20 metros, por lo que necesario 2 cuerdas de 20m. y cuerda de "backup". En cuanto a neopreno, lo montamos hasta la cintura, por el posible estado del agua, con camiseta en la parte superior. El agua, a mediados de agosto, estaba oscura pero en buen estado. En otras palabras, no olía en absoluto, lo que fue de agradecer.

Existe infinidad de tracks y rutas de aproximación y descenso del Cueva Cabrito. Uno de los más próximos al que hemos hecho es el que adjuntamos en este enlace.

En la siguiente fotografía a pocos metros de la gran encina, en el cartel que indica Barranco Cueva Cabrito, señalando el camino de aproximación, en los primero metros ancho y en tierra.


A los pocos metros llegamos a la verja de una granja que atravesaremos. Sobra decir que debemos dejarla como estaba, bien cerrada.


Unos metros más y estaremos en la granja. En este punto nos metemos entre algo de maleza a nuestra derecha, para ir buscando sendero hacia el cauce (siguiente fotografía).


Por el sendero más aparente descendemos hacia el cauce.


Dentro del mismo seguimos descenso. En algunos puntos senderos evitan zonas de vegetación. En ningún momento molesta.


Para empezar con los muchos destrepes que haremos durante el día. Afortunadamente el conglomerado agarra muy bien.


Hay huesos en muchos puntos de animales de gran porte.


Para seguir con los destrepes.


Y más destrepes.


La tónica habitual del día, los destrepes. De momento, el barranco es abierto y entra el sol.


Hasta que llegamos a la primera dificultad equipada en el margen derecho. Es el momento de poner nuestros neoprenos, en esta época hasta la cintura. Únicamente encontramos agua en las pozas de recepción en las que, habitualmente, cubre poco, a excepción de unas pocas.



Y más dificultades en vertical. Lentamente esto empieza a animarse.



En algún caso montamos rápeles guiados a los pequeños, tema que le pasará factura a mi lumbago en los días siguientes. Esto no es como antes, y el hardware con los años ...


Ellos también ayudan con las recuperaciones.



Y vuelta a entrar en cuerda. Algunas de estas dificultad podrían ser destrepables aunque, con pequeños, mejor asegurar progresando en cuerda.


Lentamente vamos avanzando en el Cueva Cabrito.


Cada vez las paredes se juntan más. Esto se va estrechando por momentos. Ellos, con sus cuerpecitos, avanzan fácilmente. De todas formas, nada que no se pase sin problemas. Otras dificultades se destrepan.


Nuevos rápeles en los que montamos guiados.



Para seguir por largos y sinuosos pasillos.


Para pasar nuevamente a cuerda.



En algunas dificultades en cuerda se sale de la misma para saltar sobre las pozas de agua estancada.



En otros puntos la oposición no es factible para los pequeños. Sus piernecitas no llegan a ambos lados de las paredes. En algunos casos porteamos niños. Ellos disfrutan de tales maniobras.


Siempre entre estrechas paredes, pero con luz y sol.


Poco a poco van mejorando su técnica de oposición.


Hasta entrar en un tramo realmente estrecho. Las sacas son un lastre.


Ellos lo tienen mejor. De todas formas se les ayuda en estos tramos en cuerda.


La estética del descenso mejora considerablemente según vamos perdiendo cota.



La luz desaparece lentamente.


No les llega con lo que tenemos que se dedican a jugar a hacer oposiciones innecesarias. Estos tienen una batería inagotable.


Para entrar en uno de los tramos más espectaculares del Cueva Cabrito. Esto parece espeleología. No hacen falta frontales, pero el ambiente es espectacular. Únicamente faltarían unos cuantos espeleotemas.


La confianza en descenso en cuerda se aprecia en sus rostros aunque, como les digo, el exceso de confianza tampoco es buen amigo de este deporte.



Las paredes cogen altura. El agua ha esculpido una verdadera maravilla de recovecos y curvas de gran profundidad. Esto es un espectáculo.



Otra ayudita recuperando cuerda.



Y vuelta a cuerda entre paredes que se separan poco más de dos palmos. Me encantaría poder hacer este descenso con agua en sus caídas.





Me quito la saca que por ahí no paso.


Los Dalton.


Ante todo tipo de contrastes cavernícolas.



Por cierto, en algún punto del descenso quedó la camiseta que llevo en la siguiente fotografía. Es una estupenda camiseta del Grupo Espeleológico Niphargus de Burgos. Si alguien la encuentra, que la disfrute (fue un regalo y le tenía mucho cariño).


A ellos les llama la atención los numerosos hitos que se localizan en la sala. Algunos en un bonito equilibrio.


Un último vistazo a la sala antes de proseguir con el descenso.


Las piernas no les da para ciertas oposiciones pero pronto empiezan a utilizar otras técnicas.




Y cada vez a más altura.



En un tramo estrecho, en zona seca, nos aguarda en el suelo una culebra. Le coloco mi cuerda para asustarla y escapa a zambullirse en una pequeña pocita (siguiente fotografía). Otro barranco más en el que nos encontramos con un ejemplar de estos.



Después de pegarle un gran susto al ofidio, seguimos con el descenso, que no pierde en absoluto en estética.


En otras dificultades las oposiciones resultan complicadas a la tropa pequeña.


Y recurrimos a otras maniobras más circenses. El agua no está en mal estado, un poco oscura, pero no huele.


Ellos se parten, mi espalda no tanto. Esto de tener que portear sacas y niños es un poco duro. Pero como dicen ellos, así me ponen en forma.

 


En las más estrechas, ellos se las arreglan solos.




Y en zona oscura y estrecha, volvemos a progresar en cuerda.



En algún punto no ha quedado otra que meternos en agua.


Casi no vemos el cielo.


Y las formas reviradas en el conglomerado son de las más espectaculares de lo visto hasta el momento.






Observamos luz a los lejos, tras una sala amplia.


Aunque antes tenemos que volver a meternos en cuerda.


Para seguir progresando por estrechos y oscuros pasillos. Bonito, muy bonito.



Hasta que de repente, a unos cuantos metros, vemos el final del descenso, en la desembocadura del Cueva Cabrito en el Río Balcez, que es otro de los descensos de la zona.


La última dificultad del descenso es muy divertida. Si bien se puede hacer con cierta facilidad y piernas en oposición a cierta altura para, en la última parte, coger la pared del margen derecho para atravesar toda la dificultad sin tocar agua, en el caso de los pequeños estas maniobras son inviables. No les queda otra que una saca y a navegar.






Finalmente llegamos al Río Balcez y el sol vuelve a calentarnos. Un descenso único en un entorno único. Es hora de quitar neoprenos y equipo.


Y echar un vistazo a la salida del Cueva Cabrito, una auténtica maravilla casi más espeleológica que barranquista.


Y como queda tiempo, son las 5 de la tarde, decidimos bajar un buen tramo del Río Balcez, darnos un baño y disfrutar del entorno (siguientes fotografías). También comemos, un poco tarde, pero preferíamos rematar el descenso.







Ellos siguen progresando en oposición, aunque no sea necesario.



Es hora de ponernos en modo retorno y remontar el río Balcez.



Después de 2 o 3 giros, en un bosquecillo, marcado por un gran hito, sale un sendero poco marcado a nuestra izquierda (margen derecho del Balcez). Es nuestro sendero de retorno.


El sendero, poco marcado, nos sube casi a machete por zonas de vegetación y también de conglomerado.




Vamos cogiendo altura. He observado que hay varios posibles senderos, unos que van más hacia la derecha, alejándose ligeramente del Cueva Cabrito, que creo es el que cogimos en 1997, y el que llevamos, hacia la izquierda según subimos, para coger lo antes posible la loma con el cauce del Cueva Cabrito. En ciertos puntos un adulto debe ir detrás de los pequeños, para evitar posibles caídas, como en la zona de la siguiente fotografía.


Hay un tramo un poco expuesto, con cierta caída, que hace que nos adentremos un poco en el bosque para rodearlo. Finalmente volvemos a dar con el pequeño sendero. Las vistas van mejorando por momentos.


No estaría mal unificar o poner hitos en el sendero óptimo de retorno para que todos los barranquistas hagamos el mismo y se mantenga en buenas condiciones. En algunos puntos me da la impresión que aquí cada uno sigue lo que ...


De forma rápida cogemos la loma superior del Cueva Cabrito, por sendero estrecho pero bien marcado, pero con algo de vegetación.



Lentamente el sendero se va haciendo más ancho y mejorando.



En algunos puntos a la sombra. Es última hora de la tarde y el sol no aprieta demasiado.




Y lo que decíamos, unos pantalones largos para proteger de la vegetación no sobra. En la siguiente fotografía un detalle de las marcas en las piernas de los pequeños. No son heridas, pero si se pueden evitar, mejor.


En lo alto, por la loma, la vista se hace única, a un lado el Balcez y, al otro, el Cueva Cabrito. Los pequeños dicen una de sus frases habituales cada vez que visitamos la zona (!!qué bonito es Guara!!).



Ahora el sendero se convierte en camino.


Con alguna rampa ascendente de cierta pendiente. Después de las horas de actividad que llevamos esto no supone nada.



Para llegar a la granja de inicio del descenso y al aparcamiento de la gran encina.


Un día completo, un buen montón de horas, cerca de 9h en total (incluyendo preparar sacas, aproximación, equiparnos, descenso, comer, descenso y baño en un tramo del río Balcez y retorno), en un barranco que en muchos casos daba más la impresión de estar haciendo espeleología que descenso de cañones.

Como siempre, aunque creo que sobra decirlo, en el caso de que no seas practicante de este deporte y quieras introducir a tus pequeños en este mundo, la mejor opción son las empresas del sector. De todas formas, indicar que varias de las empresas del sector recomiendan los 15 o 16 años como mínimo para este descenso.

Otra de las cosas que me ha llamado la atención este año es el tipo de turismo que me he encontrado. Sigue habiendo muchos barranquistas, escaladores, etc., pero durante el tiempo que estuve en la encina recogiendo sacas, etc., etc., casi todo lo que vi pasar eran coches de alta gama. Me parece fenomenal que este nuevo turismo visite un lugar tan único como Guara y, de paso, aporte una buena salida económica a los vecinos de la zona pero, por encima de todo, quiero hacer un llamamiento a los gestores y administraciones involucradas, que no se olviden de cuidar a los barranquistas, los cuales llevamos varias décadas visitando estas tierras, sin olvidarnos especialmente de nuestros vecinos franceses, auténticos pioneros de este deporte en Guara.


Más información de este descenso en www.topocanyons.info.